Regresé de un festival de cine comunitario en Bogotá y me perdí un viaje a un encuentro de radios comunitarias en Cuernavaca, pero lo que no me iba a perdonar era dejar pasar la oportunidad de ver a Atari Teenage Riot en Los Angeles. Lo mejor de todo es que iría con mi partner-in-crime ex-baja califoriano Javier Cisneros, como lo habíamos hecho 13 años antes, cuando los Atari Teenage Riot estuvieron en San Diego junto con EC8OR y Shizuo, en el Soma Live, como parte del Digital Hardcore Recordings Tour. Solo que los tiempos habían cambiado y ya no nos acompañaban la pareja punk más explosiva del tijuana noventero: Sol y Russo, y tengo la impresión de que también fue alguna otra persona, que pudo haber sido Rael, pero con tantos años de por medio ya no lo tengo tan claro. De hecho, a estas alturas todos los que fuimos juntos vivimos en distintas ciudades (México, Los Angeles, Tijuana, Mexicali y en mi caso me encontraba en tránsito, a 24 horas de mudarme a NYC). Otra cosa que había cambiado en el 2010 es que nos acompañaba mi primo Mikael Glass, quien en 1997 tendría unos 6 años, y no estaba interesado en este tipo de cosas.
En aquel entonces la euforia de los raves ya estaba más que agotada y el sonido electrónico cada vez se volvía un producto más comercial, con cosas como los Chemical Brothers y etc. La escena estaba siendo domesticada y gentrificada. Así que cuando Alec Empire apareció en escena gritando cosas tan terribles como “Destroy 2000 years of culture” o “Start the Riot!”, todo cobró sentido. Sin que fuera su intención oxigenaba -desde Berlin- la cada vez más masiva, pero no por eso más carente de significado escena de la música electrónica bailable. Donde una vez hubo ideas y proyectos utópicos, ahora había bouncers, cerveza y el fashion que uno puede encontrar en cualquier otro lugar.
Desde entonces hasta ahora, Atari Teenage Riot ha estado ahí, orbitando con sus tracks, tanto con su estética y su energía. Si no me equivoco fue el primero de mayo de 1998 o 1999 cuando desde la Rosa Luxemburg Platz musicalizaron un motín contra la policía berlinesa, y fue durante el Love Parade del ’99, que organizaron un festival DHR en Maria Am Ostbahnoff, cuando aún estaba en su locación original, frente a los restos de la mítica Berlin Wall. Yo no pude dejar pasar la oportunidad de irrumpir en la escena berlinesa con el pie izquierdo, así que aproveché para secuestrar la handycam de mi entonces profesor Gustav Hamos (media-artist y documentalista húngaro) para producir Ich Bin Eva, junto con mi partner Diana Weis (hoy conocida como Miss Lady Luzifer), un corto con el que creo que cerré mi periodo de Love Parader, e hice pública mi renuncia aprovechando los comentarios de Alec Empire y de Patric Catani de EC8OR (quien se convertiría en otro socio criminal). El resultado está archivado en un tape betacam-sp (para variar pal) y hasta hace unos años formaba parte de OVA (Open Video Archive de ZKM) hasta que unos hackers anónimos borraron todos los archivos. Pero hay una versión en Real Video de muy baja resolución que codifiqué junto a Mike Riemel (entonces de Klubradio) creo que en el 2000, que quizá pronto pueda hallar y subir al web. Es curioso que este, que era el proyecto lateral de Diana Weis y mío, sea el que haya logrado ‘sobrevivir’, pues el material del otro docu que estábamos grabando (y que trataba sobre teatro y nuevos medios, estructuras dramáticas e inteligencia artificial) fue confiscado por nuestros profesores para ser integrado en una documentación que nunca se publicó. Y sin embargo Ich Bin Eva se presentó en 1999 en Snipers, el video bar de Henrich Dubel, en una noche de cubas libres de Havana Club, cervezas chinas Tsingtao y que terminó (comenzó, continuó) con un viaje Berlin-Budapest-Ranmicu Balcea- Bucarest persiguiendo a Spiral Tribe. Y que en realidad fue apenas el inicio de tantas cosas (además de el último eclipse solar total del milenio pasado).
Pero bueno, asistir al concierto de ATR en Sunset Blvd en el 2010 no tuvo precio. Bueno, lo tuvo, pero lo que me dió fue la grandiosa oportunidad de pasar muchas horas con mi primo Mikael: visitar Chinatown para comprar parafernalia de kung-fu (curiosamente los 2 somos adeptos), Amoeba Records (donde compré el juego de G.I. Joe para psp) y un par de publicaciones que conseguí en Book Soup (la revista New York con el tema de ‘Who runs New York’?) y ‘The Hollywood Economist: The hidden financial reality behind the movies’ de Edward Jay Epstein.
Y sobre Atari Teenage Riot en el 2010, uno se da cuenta, que a pesar de que sus canciones siguen sonando igual que como las oímos a diario en el iTunes, las cosas han cambiado. Por ejemplo el público ya no es adolescente ni post-adolescente. Como se esperaba la revolución nunca se televisó, pero tampoco ocurrió ni en internet ni en ningún lugar. Al contrario, todos conseguimos de menos una vez, un trabajo de esos de 9 to 5. Igualmente salí de ahí con una sonrisa, pensando en todo lo que fue y en las tantas cosas que quedan por delante. En la energía que sigue transmitiendo el Burn Berlin Burn, Deutschland Has Gotta die! No encontré la camiseta que buscaba, la que no me quitaba 13, 12, 11 y menos años antes y que decía en la parte de atrás: destroy 2000 years of culture, cuando la civilización occidental todavía no cumplía los 2000. Pero encontré una con la que igualmente apoyé el proyecto y que tampoco pienso quitarme mucho y me di cuenta que por el precio no podría llevarle una a mi amiga Inés, en Tijuana.
Sobre Ich Bin Eva recuerdo que cuando el Love Parade fue artificialmente importado a Ciudad de México (sin caída de ningún muro ideológico este-oeste, al contrario, acá construían uno norte-sur )… en fin… como diría la Shaki:
“Aún sigo buscando en las caras de ancianos, pedazos de niño. Cazando motivos que me hagan creer que aún me encuentro con vida….”
Pero resumiendo a la Atari Teenage Riot: “Reality is shit and cyberspace is god. When you reach your peak it’s time to die. Delete yourself!”
Y con este concierto terminé una etapa. Manejé hasta Tijuana con Mikael y tras dejarlo en su casa comencé otra. Era hora de redefinir enemigos, quiero decir, objetivos.